Suiza tiene muy claro el camino a seguir ante la trampa de Donald Trump con los mal llamados «aranceles recíprocos». La confederación helvética sigue muy de cerca los movimientos en la UE y China, pero se resiste a moverse a pesar de que el presidente de EE UU les ha aplicado unos aranceles de entre el 31% y el 32%.
Suiza no entrará en el juego de devolver los aranceles de Trump con más tasas debido a las serias consecuencias que tendría para la economía, con una inflación de apenas el 0,3%, mientras los bonos a dos años registran tipos de interés negativos. La tensión, no obstante, está muy presente en el Gobierno suizo, pero evita que las importaciones de los productos estadounidenses se encarezcan al entrar en el país con más poder financiero de Europa.
De esta forma, se controlan los precios y solo suben aquellos que exportan a EE UU. De esta forma, si ninguna gran área replica las medidas de EE UU los precios se encarecerían únicamente en la aduana, pero la especulación espera disparar los precios de todos los productos. El iPhone, por ejemplo, sufriría un incremento del 43%, llegando a los 2.600 euros por terminal, un precio desorbitado para un móvil, pero objeto codiciado por muchos.
SUIZA EVITARÁ SUBIR LOS PRECIOS: CONTROL DE LA INFLACIÓN
En este sentido, a Europa le costaría conquistar uno de los mercados más competitivos, pero también con más oligopolios, que existen. El problema para el viejo continente no es otro que la productividad y la competitividad.

No hay sistema operativo para los dispositivos electrónicos que sea alemán, francés o español, como tampoco existe un fabricante de móviles a la altura del mercado actual, aunque sí se llegó a tener, especialmente con las suecas Nokia y Ericsson. Se intentaron fabricar móviles en España, pero no dejaban de tener componentes de EE UU.
Por no tener, Europa carece de un plan cinco años después del cierre total de fronteras, a pesar de poner encima de la mesa la vuelta de las industrias e incluso crear una sociedad conjunta para poner en marcha una fábrica de microchips. Todo quedó para la posteridad y el recuerdo.
La UE busca consensuar un movimiento común para hacer frente a la medida de Trump, pero visto el resultado de 2016, lo único que habría que hacer es seguir los pasos de Suiza, es decir, que el precio del iPhone no se dispare en la UE, mientras que el del aceite de oliva de España solo suba precios en EE UU, evitando así un efecto dañino para los consumidores europeos con incremento de la presión inflacionista.
EL RÓLEX SUIZO SOLO SUBIRÍA DE PRECIO EN EE UU
Trump casi obliga a la UE a sentarse con EE UU y cortar lazos con los BRICS -Brasil, Rusia, India, China y Suráfrica-. De esta forma, los aranceles de Trump no son más que un ultimátum político: o estáis con EE UU o estáis con China, viene a decir el magnate de la Casa Blanca. El problema para la UE es que toda su fábrica está en China tras la crisis de 2008, con una deslocalización que dejó millones de parados y empleos precarios.
Pero las empresas buscaban productividad y márgenes más elevados. El grave problema ahora es que pese a esa deslocalización, la riqueza europea no ha aumentado en exceso ni tampoco se han controlado los precios. Asimismo, la competitividad en Europa está a años luz de las de EE UU y China. Muestra de ello es el sector automovilístico, donde el viejo continente deja de ser el referente mundial.
Suiza, con un déficit en su balanza comercial con EE UU, es de los países que mejor sale parado de los aranceles, con solo un 10% a partir de este fin de semana, aunque se le aplicará un 21% adicional el próximo miércoles. Los relojes de lujo, el chocolate o el café verán incrementados los precios a la exportación en EE UU, pero en caso de imponer aranceles a los productos estadounidenses, los precios de estas mismas mercancías se encarecerían para el resto de Europa y China, mercados muy importantes para Suiza. Además, cabe señalar que Suiza es una de las potencias farmacéuticas mundiales.