sábado, 5 abril 2025

Jaque a Europa y al BCE con el vía crucis en las Bolsas: vuelta a los tipos negativos

El BCE vuelve a encontrarse en la encrucijada tras el movimiento de Donald Trump, que exige bajadas de tipos a la Reserva Federal en plena guerra comercial. El Ibex 35 y las Bolsas mundiales registran su vía crucis en este 2025. No solo los temores a una recesión, cuya probabilidad en EE UU ha aumentado al 60%, ni tampoco los mal llamados «aranceles recíprocos» de Donald Trump han sido el detonante de esta debacle bursátil.

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El Ibex 35 ha borrado de un plumazo la mitad de todo lo ganado desde el inicio del año, registrando su peor jornada desde el 16 de marzo de 2020 tras el decreto de alarma por la pandemia. Las caídas han superado el 6% en este viernes negro, mientras en Wall Street se anotó la pérdida de 2,5 billones de dólares, hundiéndose casi un 10% desde enero y más de un 5% en la última sesión. El sector financiero es el más castigado debido a la posible entrada de una guerra por bajar los tipos de interés, tal y como exige Trump a la FED.

La situación económica era insostenible, con divergencias en numerosos indicadores en un momento en el que la inflación sigue al alza y tiene visos de detenerse, y una crisis de deuda enciernes. Solo EE UU debe refinanciar dos billones de dólares este año y con los tipos altos, va a resultar complicado colocar deuda cuando el dólar genera desconfianza y cotiza a la baja frente al euro, la libra y el franco suizo.

No obstante, mientras todo el foco se lo lleva Wall Street, otros indicadores muestran la grave situación a la que se enfrenta de nuevo la economía: los tipos negativos en la deuda han vuelto a reaparecer, como ocurrió tímidamente en 2008 y vinieron para quedarse entre 2014 y 2022. Son viejos fantasmas de hace una década, pero las soluciones propuestas entonces no funcionaron.

Aunque pueda parecer que es un signo positivo para los hogares, las consecuencias de mantener el precio de las divisas en negativo ya se conocen: mayor ahorro, menor consumo y contracción económica. Los países menos competitivos pagan con creces este escenario ante la acción de los bancos centrales, que tendrán la obligación de rebajar los tipos de interés para evitar la recesión. Donald Trump ha invitado a la FED de Jerome Powell a iniciar la bajada de lo antes posible y en plena guerra comercial.

SUIZA MARCA TIPOS NEGATIVOS EN SU BONO A DOS AÑOS

La era de los tipos de interés negativos redujeron el consumo y dispararon el ahorro hasta la llegada de la pandemia. Los efectos se ven directamente en la banca. Con tipos negativos, el crédito no es tan rentable y estrangula principalmente a las entidades financieras. De hecho, las grandes del Ibex 35, así como Unicaja, han sido las más castigadas en la última sesión de la semana.

Las pérdidas generalizadas han dejado algunos beneficiarios en el mercado: la deuda de EE UU a largo plazo, el franco suizo y tasas negativas en los bonos a dos años en Suiza. El oro, que ha tocado máximos poco después del «día de la liberación» con los aranceles -el muro proteccionista de Trump-, ha reducido su precio, mientras el petróleo cae con fuerza como reacción a un menor consumo. En la última semana, se ha dejado casi un 10%.

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Lagarde, presidenta del BCE, tendrá que tomar decisiones drásticas para controlar la inflación | Fuente: Agencias
Lagarde, presidenta del BCE, tendrá que tomar decisiones drásticas para controlar la inflación | Fuente: Agencias

Entre 2014 y 2022 se registraron años de tipos de interés negativos. Para el BCE de Draghi, en un inicio, era una buena medida para fomentar el consumo y la inversión. No obstante, el impacto en el ahorro fue justo el contrario al esperado. Las familias contrajeron el gasto ante la incertidumbre, mientras la banca luchaba por salir a flote. Y es que, entrar en el escenario es sencillo.

Se bajan los intereses hasta niveles del 0%, pero después es complejo dado el impacto en los créditos concedidos. La economía entró en una masiva liquidez, mientras la inflación aguarda a la vuelta de la esquina una vez comenzaran a subir, como así ocurrió a mediados de 2021 y se disparó después hasta el 10% en verano del 2022. De luchar contra la deflación -caída generalizada de precios- a tratar de controlar una inflación galopante con bajo o nulo crecimiento.

LA BANCA AFRONTA UNA SITUACIÓN DIFÍCIL

El BCE soltó la excusa de que con unos tipos de interés al alza hubiera significado una mayor acumulación de las tasas de ahorro. No obstante, pocos años después, se reconoció el verdadero problema al partir de una hipótesis equivocada. La ilusión del BCE se centró únicamente en el período de bajada de tipos, no en el mantenimiento prolongado de un 0% en las tasas del euro, que es el escenario que se abre en este momento.

Durante muchos años la banca se ha negado a remunerar los depósitos, incluso cuando han subido los tipos de interés. La lucha por mantener a los clientes o atraer a nuevos se ha centrado en ofrecer euros contantes y sonantes por traer nóminas, recibos y un mayor grado de fidelización, mientras se incrementan los costes de mantenimiento y comisiones. En este sentido, las familias ahorran para mantener objetivos de riqueza.

Al mismo tiempo, la banca no ofrece créditos y préstamos al no obtener rentabilidad por ellos. No les sale a cuenta. Con un menor volumen de dinero de la banca en circulación y los hogares ahorrando y mirando cada céntimo la economía pone el freno en seco. De ahí que la rentabilidad esperada de la banca sea inferior y las caídas en la Bolsa, del 10% en algunos bancos.

LOS MÁS VULNERABLES Y ENDEUDADOS PAGARÁN EL PATO

De hecho, son las personas con menor educación financiera y vulnerables las que evitan ahorrar cuando los tipos de interés se encuentren en mínimos, siendo después los más vulnerables cuando aumentan los tipos de interés y suben los precios. En definitiva, se trata de una tormenta que puede tardar años en escampar y empeorar según avanza el plazo. La aversión al riesgo es máxima en ese escenario y lejos de pedir préstamos, las familias se preparan para el empeoramiento.

La deuda privada no será ajena a estos tipos de interés en mínimos. De hecho, esas emisiones de deuda durante los bajos tipos atraen a los perfiles de riesgo más bajos, que prefieren guardar el dinero en activos con menor interés hasta que escampe la tormenta.

Donald Trump firma el engaño de los aranceles recíprocos para evitar la quiebra de EE UU | Fuente: Casa Blanca
Donald Trump firma el engaño de los aranceles recíprocos para evitar la quiebra de EE UU | Fuente: Casa Blanca

El peligro de deflación reaparece en este contexto, mientras la guerra comercial presiona al alza los precios. Esta por ver qué se impondrá una vez los bajos tipos de interés aparezcan en acción, que puede ser antes de lo pensado. Para los países con mayor deuda será un alivio, por los inversores moderados mantendrán una importante cartera de liquidez.

Cabe recordar que el BCE actuó reduciendo los tipos de interés, mientras desató medidas no convencionales para sostener al euro. Aquello inundó el mercado con euros contantes y sonantes, pero tuvo efectos adversos, que no llegaron a explicarse hasta años después.

LA ACTUACIÓN DEL BCE FUE ERRÓNEA ENTRE 2012 Y 2022

La actuación del Banco Central Europeo, entonces comandado por Mario Draghi, se centró en llevar la remuneración de los depósitos al terreno negativo, mientras las entidades preferían guardar el dinero en el banco antes que entregarlo a los hogares y empresas. Solo en el corto plazo, 1,1 billones de euros durmieron en la caja del BCE en 2012, un montante que se redujo a 460.000 millones de euros en 2022, el doble que en la crisis financiera de 2008. Penalizar los depósitos no fue una buena idea, pero tampoco se conoce una solución o teoría económica fiable para salir de este callejón sin salida.

La conclusión es que la deuda a corto plazo sufrirá más, mientras que invertir a largo plazo es un escenario en el que pocos saldrían victoriosos. Con la crisis de deuda de 2012, la banca se ha recapitalizado y refinanciado sus pasivos a largo plazo, mientras minimizó la provisión de crédito. El resultado: la banca tiene dinero a espuertas, liquidez, pero no obtiene ninguna rentabilidad por ella.

No obstante, tener el dinero quieto conlleva elevados costes, mientras deberá obtener remuneración para abonar los gastos. En caso de inmovilizar el capital, se deben seguir pagando los intereses y dividendos y la liquidez no es infinita. Asimismo, tampoco soltará el dinero de forma alegre y ofrecerlo al primero que ponga un pie en la oficina, como ocurrió antes del estallido de la crisis financiera de 2008.

La tendencia ahora es ahorrar, guardar el dinero y esperar. Es lo más aconsejable, mientras haya algo más de luz en el camino y la banca no va a volver a errores del pasado, más cuando ha afrontado una década de bajos tipos de interés que han presionado a todas las entidades.

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