sábado, 5 abril 2025

No es un hechizo, es Aragón disfrazado de Islandia que tienes que conocer esta Semana Santa

La frontera entre lo terrenal y lo mágico se difumina en algunos rincones privilegiados de la geografía española. Aragón esconde entre sus valles pirenaicos paisajes de ensueño que transportan al viajero a tierras nórdicas sin necesidad de cruzar fronteras ni recorrer miles de kilómetros. La cascada de Sorrosal, ubicada en la localidad oscense de Broto, emerge como uno de esos tesoros naturales que desafían la lógica y nos hacen cuestionar si realmente seguimos en territorio nacional o hemos sido teletransportados a un paraje islandés.

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El imponente salto de agua de más de 30 metros crea un espectáculo visual que alcanza su máximo esplendor durante los meses primaverales, cuando el deshielo incrementa su caudal y potencia su rugido. Precisamente en Semana Santa, periodo vacacional por excelencia para muchos españoles, este enclave ofrece una alternativa perfecta para quienes buscan escapar del turismo masificado y sumergirse en la naturaleza más auténtica, descubriendo que no hace falta viajar hasta latitudes nórdicas para experimentar sensaciones similares a las que proporcionan los famosos saltos de agua islandeses.

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UN RINCÓN DE ARAGÓN QUE COMPITE CON LOS PAISAJES NÓRDICOS

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Las similitudes entre la cascada aragonesa y sus homólogas islandesas no son fruto de la casualidad. El entorno rocoso, envuelto frecuentemente en un halo de misterio gracias a la bruma que genera el propio salto de agua, crea una atmósfera que evoca los paisajes volcánicos y escarpados de la isla nórdica. Los aficionados a la fotografía encontrarán en Sorrosal un escenario perfecto para capturar imágenes que bien podrían confundirse con las cascadas de Skógafoss o Seljalandsfoss, auténticos iconos del turismo islandés.

La flora y fauna que rodea este enclave pirenaico contribuye a reforzar esta sensación de encontrarse en un paraje nórdico. El verde intenso de la vegetación contrasta con el gris de las rocas y el blanco espumoso del agua, creando un juego cromático que varía según la incidencia de la luz solar a lo largo del día. Aragón demuestra así que su riqueza paisajística va mucho más allá de los tópicos asociados a esta tierra de contrastes, ofreciendo escenarios naturales que rivalizan con destinos internacionales mucho más publicitados y reconocidos.

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