En el corazón del Pirineo aragonés, escondida entre valles y montañas que parecen sacados de un cuento nórdico, la cascada de Sorrosal emerge como un tesoro natural que transporta a quien la contempla a paisajes dignos de Islandia. Este espectacular salto de agua ubicado en Aragón, con sus impresionantes 100 metros de caída, se ha convertido en uno de esos rincones mágicos que sorprenden incluso a los viajeros más experimentados. La combinación perfecta entre la fuerza del agua que se precipita contra las rocas y el entorno salvaje que la rodea crea una atmósfera única, especialmente durante la Semana Santa, cuando el deshielo primaveral aumenta su caudal ofreciendo un espectáculo visual difícilmente olvidable.
A tan solo unos kilómetros de Broto, en la comarca del Sobrarbe y a las puertas del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, este rincón aragonés ha ganado popularidad en los últimos años por su asombroso parecido con los paisajes islandeses. Sin embargo, a diferencia de los costosos viajes al país nórdico, esta maravilla natural se encuentra mucho más cerca y accesible, convirtiéndose en un destino perfecto para escapadas cortas como las que se realizan durante el periodo vacacional de Semana Santa. La cascada de Sorrosal, con su imponente caída y el eco del agua resonando entre las paredes rocosas, invita a sumergirse en un ambiente que evoca a las legendarias tierras del hielo y el fuego, pero sin necesidad de salir de la Península Ibérica.
2ISLANDIA SIN PASAPORTE: EL SORPRENDENTE PARALELISMO ENTRE DOS MUNDOS
Quienes han visitado tanto Islandia como la cascada de Sorrosal no pueden evitar establecer comparaciones entre ambos destinos. La similitud es tal que muchos viajeros afirman sentirse transportados al país nórdico cuando contemplan este rincón aragonés. Las formaciones rocosas cubiertas de musgo y líquenes que enmarcan la caída de agua, junto con el ambiente húmedo y brumoso que se genera por el impacto del agua contra las rocas, crean un microclima que recuerda poderosamente a los icónicos paisajes islandeses.
En primavera, especialmente durante la Semana Santa cuando el deshielo incrementa el caudal, la cascada de Sorrosal alcanza su máximo esplendor. La potencia con la que el agua se precipita desde lo alto genera una fina neblina que, al ser atravesada por los rayos del sol, crea ocasionales arcoíris que añaden un toque mágico a la experiencia. Este fenómeno natural que ocurre con mayor frecuencia durante los meses de marzo y abril, coincidiendo habitualmente con el periodo vacacional de Semana Santa, proporciona oportunidades fotográficas excepcionales que harán dudar a más de uno sobre si realmente se encuentran en Aragón o en algún remoto rincón de Islandia.