jueves, 3 abril 2025

80.000 robos al año del mismo objeto: el dato que alarma a los hoteles

El sector turístico español enfrenta un curioso fenómeno que, lejos de ser anecdótico, representa pérdidas millonarias cada temporada. Los hoteles españoles reportan anualmente la desaparición de aproximadamente 80.000 toallas de sus instalaciones, una cifra que ha encendido todas las alarmas en un sector ya golpeado por múltiples desafíos económicos. Este comportamiento, normalizado por muchos viajeros, constituye en realidad un hurto que impacta directamente en los costes operativos de los establecimientos.

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Las estadísticas revelan que este tipo de sustracción supera con creces a otros objetos comúnmente «recordados» por los huéspedes, como albornoces, perchas o artículos de aseo. Mientras algunos establecimientos asumen estas pérdidas como parte inevitable del negocio, otros han comenzado a implementar medidas disuasorias para frenar una práctica que, aunque pueda parecer intrascendente a nivel individual, adquiere dimensiones preocupantes cuando se analiza en su conjunto. La industria hotelera española, referente mundial en calidad y servicio, busca soluciones efectivas sin que estas afecten a la experiencia de sus clientes.

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PSICOLOGÍA DEL SOUVENIRISMO: ¿POR QUÉ NOS LLEVAMOS LAS TOALLAS?

Fuiente Freepik

El comportamiento aparentemente contradictorio de huéspedes que en su vida cotidiana jamás robarían, pero que no dudan en llevarse toallas de sus hoteles, ha sido objeto de numerosos estudios psicosociales. Expertos en comportamiento del consumidor señalan que existe una particular distorsión ética cuando se trata de bienes pertenecientes a grandes empresas o corporaciones. La despersonalización del propietario facilita la justificación interna de un acto que, realizado en otro contexto, generaría un profundo sentimiento de culpabilidad en el individuo.

El factor aspiracional también juega un papel determinante en este fenómeno. Las toallas de hoteles, especialmente aquellas provenientes de establecimientos de lujo, funcionan como trofeos o evidencias tangibles de experiencias vividas. Muchos huéspedes las consideran erróneamente como parte del servicio contratado, equiparando estos artículos con los miniatures de baño o los folletos informativos que efectivamente están destinados al uso y disfrute fuera del establecimiento. Este desajuste en la percepción de lo que constituye un obsequio legítimo frente a una apropiación indebida explica, en gran medida, la normalización de una práctica que técnicamente constituye un hurto.

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