jueves, 3 abril 2025

Cerveza y vino sin alcohol, ojo con estos ingredientes que también importan

El mercado de bebidas sin alcohol ha experimentado un crecimiento exponencial en los últimos años, transformando lo que antes era una opción marginal en una auténtica tendencia de consumo. La cerveza sin alcohol lidera este cambio de paradigma en España, donde su consumo se ha duplicado en apenas una década, convirtiéndose en la alternativa preferida para quienes buscan disfrutar del sabor sin los efectos del etanol. Este fenómeno responde a un cambio social profundo, donde la preocupación por la salud y el bienestar ha modificado nuestros patrones de consumo tradicionales.

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No obstante, tras este boom saludable se esconden algunas realidades poco conocidas que merecen nuestra atención. Mientras las etiquetas destacan la ausencia de alcohol como principal reclamo, otros ingredientes presentes en estas bebidas pasan desapercibidos para el consumidor medio. El azúcar añadido, los conservantes y ciertos aditivos conforman esa letra pequeña que rara vez leemos, pero que puede tener un impacto significativo en nuestra salud. La popularidad de estas alternativas ha crecido a tal velocidad que la información sobre su composición no siempre ha acompañado ese ritmo vertiginoso de crecimiento en los lineales de supermercados y bares de toda España.

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IMPACTO NUTRICIONAL: CALORÍAS Y VALORES ENERGÉTICOS

Fuente Freepik

Una de las principales motivaciones para elegir bebidas sin alcohol suele ser la reducción calórica, pero las cifras revelan matices importantes que merecen atención. Una cerveza sin alcohol contiene aproximadamente entre 25 y 45 calorías por cada 100 ml, frente a las 45-60 de su versión tradicional. Esta diferencia, aunque significativa, no es tan dramática como muchos consumidores imaginan. El principal ahorro calórico proviene efectivamente de la ausencia de etanol, pero los azúcares residuales o añadidos compensan parcialmente esta reducción. Las cervezas sin alcohol tipo radler o con sabores frutales pueden incluso superar en contenido calórico a algunas cervezas tradicionales debido a su mayor concentración de azúcares que potencian el sabor y la palatabilidad.

El panorama nutricional de los vinos sin alcohol presenta particularidades más acentuadas. Mientras un vino convencional aporta entre 70-90 calorías por copa, su equivalente sin alcohol puede oscilar entre 15 y 60 calorías dependiendo del proceso de elaboración y los aditivos incorporados. Sin embargo, el contenido de azúcar puede llegar a triplicarse en algunas referencias desalcoholizadas para compensar la pérdida de textura y sabor. Este hecho resulta especialmente relevante para personas con condiciones como la resistencia a la insulina o quienes siguen planes de alimentación específicos. Los expertos en nutrición recomiendan prestar atención no solo al contenido alcohólico sino también a la información nutricional completa antes de decantarse por estas alternativas supuestamente más saludables.

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