El repostaje semanal se ha convertido en un momento de incertidumbre para muchos conductores españoles en los últimos meses. La elección entre los distintos tipos de gasolina puede generar dudas incluso en los conductores más experimentados, especialmente cuando los precios fluctúan constantemente. La confusión entre gasolina 95 y 98 no es un asunto banal, ya que utilizar el combustible inadecuado podría tener consecuencias negativas para nuestro vehículo tanto a corto como a largo plazo.
Los surtidores de las estaciones de servicio ofrecen diferentes opciones que, a simple vista, pueden parecer intercambiables. Sin embargo, cada tipo de combustible está diseñado para motores con características específicas, y elegir incorrectamente puede afectar desde el rendimiento inmediato hasta la vida útil del motor. Aunque muchos conductores consideran que optar por un combustible de mayor octanaje siempre beneficiará a su vehículo, la realidad es más compleja y depende de múltiples factores que analizaremos en detalle.
5MITOS Y REALIDADES: LA VERDAD SOBRE CAMBIAR DE TIPO DE GASOLINA

Existe la creencia generalizada de que utilizar ocasionalmente gasolina de mayor octanaje «limpia» el motor y mejora su rendimiento. Si bien es cierto que algunos aditivos presentes en la gasolina 98 pueden tener propiedades detergentes superiores, los beneficios de un uso esporádico son prácticamente imperceptibles en vehículos diseñados para gasolina 95. La limpieza efectiva del sistema de alimentación requiere tratamientos específicos o el uso continuado de combustibles de calidad durante miles de kilómetros para notar mejoras significativas en la respuesta del motor, por lo que llenar el depósito con 98 una vez al mes resultará en un gasto extra sin retorno apreciable.
Por otro lado, el mito inverso también merece ser desmontado: usar gasolina 95 en un vehículo que requiere 98 no causará una avería catastrófica inmediata. Los motores modernos disponen de sistemas electrónicos que detectan el tipo de combustible y ajustan los parámetros para evitar daños graves, aunque a costa del rendimiento. No obstante, esta capacidad de adaptación tiene límites y no está diseñada para compensar indefinidamente el uso de combustible inadecuado. La electrónica puede proteger el motor de daños inmediatos, pero el desgaste acelerado de componentes críticos seguirá produciéndose de manera silenciosa hasta manifestarse en forma de averías costosas cuando ya sea demasiado tarde para prevenir las consecuencias de esta mala práctica.