Desde la Guerra Civil española entre 1936 y 1939 España es un país que mira para adentro de sí mismo y poco acostumbrado a mirar hacia a fuera. Es tradición española desde hace casi 100 años el relegar la política exterior a un segundo plano, a excepción del segundo mandato de José María Aznar (2000-2004). Un error que a la larga le ha influido en decisiones, principalmente económicas, que han salido mal o no de la forma deseada para el país.
Por este motivo, y conociendo las implicaciones del asunto, Margarita Robles, ministra de Defensa ha comenzado a reunirse con la cúpula militar del ejército para estudiar la situación de Siria tras la caída de Bashar al-Ásad y la influencia que tendrá en la zona que más le interesa a España. Es decir, el Mediterráneo occidental y el Sahel, esto último por motivos de seguridad debido a la fuerte actividad terrorista de la zona y que puede acabar cerca de España. Y también, por los fuertes movimientos migratorio de la región y sus consecuencias para las diferentes políticas españolas.
Con todos estos condicionantes, y sin olvidar la influencia que está ganando Rusia en el continente africano, la ministra de Defensa, Margarita Robles, ha advertido este martes que la caída del régimen de Bashar al Assad en Siria puede aumentar la presencia de Rusia en las regiones del mar Mediterráneo y el Sahel, como hemos citado anteriormente.
En relación a este tema, el diputado de Sumar Félix Alonso Cantorné requirió a la ministra en la Comisión Mixta de Seguridad Nacional en el Congreso para que valorara el colapso del régimen sirio tras una ofensiva de las fuerzas rebeldes que ha durado pocos días.

La respuesta de Robles fue concisa y clara, para lo que se puede responder en situaciones así, que normalmente viene marcadas por las conjeturas y diversas posibilidades. Pero esta vez no fue así. Y Robles afirmó que el Gobierno sigue «con mucha atención y preocupación» la situación en Siria y alertó de que la caída de Al Asad «tiene incidencias clarísimas en la seguridad y la participación de Rusia» en el tablero geopolítico.
Algo que también advirtió el Jefe del Estado Mayor de la Defensa (JEMAD), almirante Teodoro Esteban López Calderón, alertando que la caída de Siria «podía afectar al ámbito del Mediterráneo» y a África, el Sahel particularmente, donde la expansión de Rusia puede ser más acusada. Además, Robles precisó que el JEMAD trasladó que la capital siria, Damasco, cayó en tan pocos días porque, entre otras cosas, ya no contaba con el apoyo de Moscú y Teherán.
SIRIA CAPITAL PARA LOS INTERESES RUSOS QUE AHORA MIRAN HACIA ARGELIA
Todos los expertos y diversas fuentes militares españolas señalan que la Siria de Asad era central para las ambiciones geopolíticas de Moscú, ofreciendo infraestructura militar crítica, acceso directo al Mediterráneo y sirviendo como plataforma para proyectar poder global.
También, hay que aclarar que Rusia puso mucho énfasis en explicar que Rusia no participó en las negociaciones que llevaron a la salida de Asad, aunque reconocieron el ex dictador ruso y su familia están exiliados en Moscú con parte de su fortuna a buen recaudo.
En este sentido, se desconoce todavía cual será la relación de Rusia con los rebeldes que ya poseen el control de gran parte del territorio sirio, aunque ahora combaten contra las fuerzas kurdas ala noroeste del país para controlarlo en su totalidad. Unas futuras e hipotéticas negociaciones que permitirían tener sus bases y un puerto para sus buques de guerra en el Mediterráneo, algo esencial para la política exterior rusa. Pero que parece difícil a día de debido a los ataques aéreos rusos y el apoyo militar directo que Putin dio al Ejercito sirio, una ayuda que mantuvo durante 13 años al ex dictador frente a los rebeldes que ahora se han hecho con gran parte del país.
Esos activos militares en territorio sirio eran la base aérea de Khmeimim, en la provincia de Latakia, y el puerto naval de Tartus de gran importancia para mantener la presencia rusa en el Mediterráneo oriental. Tartus era el único centro militar ruso en dicho mar y Khmeimim era el centro de operaciones y logística de las operaciones rusas en África. Ambas bases eran rusas hasta 2066, pero claro eran con el anterior régimen. Ahora bien, los rebeldes no quieren problemas con Rusia y han asegurado que darán todo tipo de facilidades para su evacuación.
En referencia a esto, El Kremlin aseguró el miércoles 11 que Rusia está en contacto con las nuevas autoridades instaladas en Siria tras la caída del régimen de Bashar al Assad para abordar la situación en torno a las bases militares con las que cuenta en el país asiático, las únicas que tienen en la cuenca del mar Mediterráneo.
«Mantenemos contactos con los que controlan ahora la situación en Siria», dijo el portavoz del Kremlin, Dimitri Peskov, quien afirmó que «esto es necesario». «Nuestras bases están ahí, nuestra misión diplomática está ahí y, por supuesto, el asunto de garantizar la seguridad de estas instalaciones es extremadamente importante».

Pero en todo este lejano contexto ¿Qué peligros e influencias hay para nuestro país?. Pues claro está, que Rusia necesitará una base militar en el Mediterráneo y tirara de los países en los que tiene influencia y con los que mejores relaciones mantiene, y en ese horizonte aparece Argelia. Vecino mal avenido de España que prefirió a Marruecos como aliado, en esta legislatura de Pedro Sánchez.
El movimiento ruso hacia Argelia preocupa en demasía al Gobierno de España, aunque de momento se mantiene cauto con los acontecimientos y esperaran a ver lo que pasa en los próximos meses. Cabe recordar que Putin tiene buena relación con Abdelmajid Tebboune, actual presidente de Argelia y que tiene una política de influencia con el resto del norte de África para hacerle la pinza a Marruecos.
Una base rusa en Argelia seria un grave problema para los intereses de España y de la OTAN. Sería tener el enemigo, tras la ayuda de España a Ucrania todavía más, a las puertas y aumentarían los problemas españoles en su frontera sur. Un sitio ya de por si caliente con problemas de migración, narcotráfico y terrorismo. A lo que se suman las continuas tensiones con Marruecos, las relaciones regulares con Argelia y la posible presencia militar rusa en la zona. Complicado todo.
